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VOLVIO LA SONRISA Y SE GANO POR FIN...
Fecha: 04/04/2010
El Sevilla volvió a ganar, que no es poco después de ocho partidos oficiales sin hacerlo, y vuelve a dormir, aunque de forma provisional, en los puestos de Liga de Campeones. El de anoche ante el Tenerife no fue el Sevilla brillante de antaño que embelesaba con su fútbol y arrollaba al rival, no. Todavía queda para eso, si es que vuelve. Pero tampoco fue el equipo indolente e impotente de Villarreal, o el del Xerez hace dos semanas, o el del CSKA. A medio camino entre ambas versiones, camino de la primera e intentando alejarse de la segunda, está ahora el Sevilla de Antonio Álvarez. Un conjunto más solidario, más concentrado, más implicado, carente de la precisión y la velocidad de comienzos de temporada, con una deficiencia física evidente, pero que por ejemplo vuelve a recuperar la pegada de la mano de sus dos matadores, Kanouté y Luis Fabiano.
Fueron ambos un buen ejemplo de todas esas variaciones. Su actitud cambió para mejor. El brasileño, especialmente, y Kanouté se prodigaron desde el centro del campo hacia adelante como no se recordaba. Y para colmo, arriba estuvieron certeros. Una gran combinación entre los dos encarriló el partido (21’). Claro que en ello colaboraron los blanditos Ricardo y Richi, que les dejaron campar a sus anchas a sus espaldas mientras Renato y Lolo observaban el partido a más distancia y con más rigor que en Villarreal. Ambos se multiplicaron en tareas oscuras y dieron más seguridad a su equipo.
Este Sevilla de ayer también intentó por sistema adelantar la línea y jugar lo máximo posible en el campo contrario, dominar el rechace y jugar por las bandas. Con todo ello, y con la confianza que dan los goles, el Sevilla, sin ser preciso, sin volver a ser lo que fue, se fue asentando en el partido y comiendo a un Tenerife al que apenas le duraba la pelota un segundo. Recuperando en campo contrario, abriendo huecos es más fácil crear, y con O Fabuloso enchufado, matando con el pecho un balón y poniéndolo al palo opuesto también es más fácil ganar (43’, 2-0).
El Sevilla había entrado en un túnel oscuro y demasiado largo. Las negras sensaciones que transmitía desató un periodo de crisis novedoso en la era Del Nido. El fuego se extendió por Nervión. La competición pasó a ser una dura penitencia, un triste calvario del que los sevillistas necesitaban huir con urgencia. Los argumentos utilizados por Antonio Álvarez han servido para inyectarle, sobre todo, compromiso a unos futbolistas que abandonaron por motivos inexplicables el alma competitiva en una cuneta.
El equipo sesgó un momento de crisis gracias a la recuperación física y mental de la pareja más letal de la centenaria historia sevillista. La pobre actuación del Tenerife ayudó a firmar la resurrección. El equipo de Oltra, posiblemente, ha sido el peor que pasó por el Sánchez Pizjuán. Por lo visto anoche, la permanencia es un sueño que necesitará de golpes milagrosos para convertirse en realidad. Es como buscar la quiniela millonaria con la mínima apuesta. No ofreció nada. Un juguete roto sin Alfaro en el ataque. Ni atacó ni defendió. Ni se encerró ni buscó la presión suicida. Nada de nada. La defensa era un gran aliado para el rival, el centro del campo no apareció y el ataque estuvo compuesto por pistolas de juguete. Sólo Ayoze puso algo de chispa, descubriendo las carencias de Stankevicius.
En el vestuario del Sevilla se asegura que la alegría regresó tras la marcha de Jiménez. No sé si es la habitual reacción de los jugadores al ver la cabeza del técnico saliente en una bandeja o la consecuencia de una relación que se quebró hace tiempo. Lo cierto es que la mayor virtud que mostraron los sevillistas fue la implicación. Adriano y Capel estuvieron activos y, por momentos, apareció la versión ilusionante de Luis Fabiano y Kanouté. Pero alguna corná lleva este Sevilla en el cuerpo cuando le cuesta un mundo sostener el dominio durante 90 minutos. La segunda parte se le atragantó. Al malí se le fue el aire, la defensa enseñó sus actuales rasgos de debilidad y la zona creativa volvió a ser insignificante. Más allá de Zokora no hay nada. La caída de Renato es en picado y nadie asume la responsabilidad de hacerse con el partido. La construcción del centro del campo ha sido deficiente. El Sevilla tiene un enorme problema en el corazón.
Dinei y Nino no aparecieron ni con los regalos del segundo periodo y José Carlos puso la guinda. El Tenerife huele a Segunda y Álvarez, tras apagar el fuego, deberá aún ajustar muchas deficiencias. De momento, ha cerrado la herida.
Al menos el partido dejó sensaciones de recuperación y un buen sabor de boca con el golazo de falta de José Carlos de cierre de un encuentro en el que el Sevilla ganó puntos y confianza. Sobre todo esto último.
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