CAMPEONES ...CAMPEONES ...CON PUERTA DESDE EL CIELO
Fecha: 20/05/2010

Andrés Palop no levantó la Copa al cielo de Barcelona. El capitán del Sevilla campeón se la dio a Puerta, que desde arriba, agarró de las dos asas la Copa del Rey, 'su' título, el primero que gana el equipo de su alma desde que él no está entre nosotros. Palop subió al palco del Camp Nou con el '16' a la espalda, dorsal de Antonio y dorsal de Diego Capel, el futbolista que abrió de par en par las puertas hacia la gloria nervionense. El de Almería no remató solo.

Puerta, desde el cielo, le guiñó el ojo a Capel, autor del 0-1 que determinó el rumbo de la final
Era el minuto 5 de partido. Un servicio de Jesús Navas desde la derecha, buscando el corazón del área, se topó con el cuerpo de Domínguez, que repelió el cuchillazo del '7'. El cuero botó en la media luna y fue el principio del fin para el Atlético de Madrid, que se quedó sin doblete. En la frontal apareció Capel, que remató con la izquierda con la ayuda de Puerta. Ese remate que acabó en las redes fue el de Puerta contra el Schalke, un disparo que dejó sin respuesta a De Gea. El balón sólo tenía un destino posible.

Capel, que no lleva el '16' por casualidad, le dedicó el gol a un ser querido que lo está pasando mal y, además, miró al cielo. Desde allí, su amigo Puerta le guiñó el ojo y le recordó el himno del Arrebato.

El Sevilla edificó su victoria en ese tanto celestial que supuso un retorno al pasado, a la época más gloriosa de la historia sevillista. No estaba Puerta en el campo, pero sí su memoria y su presencia en la espalda de Capel. Los de Álvarez construyeron el título a partir del 0-1, con Zokora de fondinsta y Navas y Capel como velocistas por las bandas.

Por los siglos de los siglos
Nada se le puede reprochar al Atlético de Madrid, que se reinventó para tener más el balón y pensar en la remontada. No lo consiguió. Empujó, apretó y se vio sentenciado cerca del final. Una contra de Navas acabó con la final. El andaluz se marchó de De Gea y disparó pensando en Puerta. Domínguez tocó el balón, pero se quedó con las ganas de mantener con vida a su equipo.

Acabó el partido y una sonrisa se vio entre las nubes. Era la sonrisa de Antonio Puerta, sevillista por los siglos de los siglos.

para la historia. El tercero, ayudando desde el cielo. Sí. El Sevilla campeón ha vuelto. Ganando una Copa compitiendo como lo hacen los grandes. Como lo hacen los equipos que no juegan finales. Las ganas. Seis títulos en cuatro años. Segunda Copa del Rey para unas vitrinas que tendrán que hacerle sitio a un galardón ganado a ley. Apelando a un estilo que no le gusta a su entrenador, pero doblegando al At. Madrid. Que es lo que había que hacer. Antonio Álvarez, un recambio de emergencia, le pondrá contar a sus nietos que ha dejado a su equipo entre los cuatro primeros… y ha ganado un título. Casi nada para un hombre de la casa que siempre ha estado en la foto de los éxitos. Con Luna como lateral zurdo, con Negredo con la cabeza en otro sitio. Con un gran Kanouté. Con Squillaci y Escudé rozando la perfección. Con dos puñales en las bandas de la cantera. El de Marchena ha obrado el milagro. Le duela a quien le duela. La Copa viene para Sevilla, en gran medida, por culpa de un entrenador que ha devuelto la ilusión a la afición. Por culpa del enorme nivel competitivo de un conjunto que en el Camp Nou ha vuelto a ser ese plantel poderoso que enamoraba a propios y extraños.

Kanouté, a los tres minutos, gozó de la primera gran opción de gol de la noche. Pase de Jesús Navas, que el malí no acertó a rematar. Más puntería tuvo Diego Capel 60 segundos después. Zapatazo desde el balcón del área del zurdo almeriense y gol del Sevilla. Quedaba mucho partido por delante, pero los blancos golpeaban primero. Lógicamente, la reacción colchonera en busca de la iguala era cuestión de tiempo. Al borde del 11, triple llegada del At. de Madrid que no acabó en tanto de puro milagro. Los de Quique Sánchez Flores castigaban la banda del chaval Luna, conscientes de ser una clara vía para poner en apuros a la zaga nervionense. Intensidad, poco centro del campo y máxima emoción, la nota común en un arranque que garantizaba goles y espectáculo. En el 26, un error de Perea puso en bandeja a Squillaci el 0-2. Desgraciadamente, el galo no tuvo el aplomo necesario para batir a De Gea por segunda vez. Los de Álvarez dejaban hacer a su rival, cortando a las primeras de cambio cualquier acción susceptible de ser considerada peligrosa. Forlán, en el 42, obligó a Palop a lucirse. Durísimo latigazo del charrúa con marchamo de gol. Al descanso, 0-1. Pero ni mucho menos estaba decidida la final. Había 45 minutos por delante y mucho que trabajar para rentabilizar el acierto del ‘16’ sevillista. Con una vanguardia tan letal enfrente estaba claro que una renta tan exigua no sería suficiente.

Saltó el At. Madrid tras el descanso con la mente puesta en empatar lo antes posible. Tiago, en el 49, lo buscó con más deseo que acierto. Jesús Navas, en el 52, acababa con varios minutos de asedio colchonero. Todo seguía igual, eso sí, con algo más de media hora por delante. En el 58, Negrego tuvo en sus botas medio título. Con todo a su favor, el de Vallecas tiró al muñeco. Quique no lo veía nada claro, tirando de banquillo para dinamizar una ofensiva que perdía fuelle con el devenir de los acontecimientos (Jurado y Raúl García, al terreno de juego). Eran los mejores minutos del elenco de la Ribera del Manzanares. Algo que motivó que Antonio Álvarez confiara en Romaric para controlar una medular, la blanca, que también acusaba el gasto realizado. El sacrificado, Negredo. Cambio justo viendo las prestaciones de un delantero al que se le escapa el Mundial. Variante para apelar al 4-2-3-1 que tan poco gusta al técnico de Marchena. La tensión era tal, que un despeje rozando lo reglamentario de Perea provocó una trifulca entre ambos banquillos. Intensidad máxima para disputar unos postreros 15 minutos no aptos para cardiacos. Con todo todavía por decidir. En el 76, paradón de Palop tras un disparo que Forlán que algunos ya veían dentro del arco del valenciano. A cinco para el final, ofensiva definitiva de un At. Madrid que veía perdido el pleito. El Sevilla aguantaba y perdía tiempo con el cambio de Diego Perotti por Diego Capel, autor de un gol que tenía su peso en oro. En la prolongación, el definitivo 0-2. Carrerón de Jesús Navas y todo el pescado vendido en la Ciudad Condal. La Copa, con justicia, se viene para Sevilla. Otra más en los últimos cuatro años. Y gracias a los 90 minutos más serios de este ejercicio. Serios en todos los sentidos.





 

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