DE SOMBRERAZO....LA AFICION
Fecha: 20/05/2010

Por quinta vez, 71 años después de aquel título en Montjuïc, el Sevilla ganó la Copa de España y lo hizo ante un rival al que no cabe objeción, con dos goles de dos canteranos y cumpliendo el sueño que Antonio Álvarez deslizó la víspera: "Sueño con solucionar el partido a los cinco minutos".

Pues sí. A los cinco minutos marcó Capel de nuevo en el lugar donde empezó a cimentarse el título, en el Camp Nou como aquella noche en la que el Barcelona cedió el paso, y aunque se sufrió en algunas fases el encuentro del Sevilla fue muy serio, el título premia un proyecto que se ha tambaleado pero que recuperó la fe cuando más necesaria era: en Almería y en Barcelona. Palop recogió la Copa, primer título reciente sin Javi Navarro

Se barruntaba en las horas previas a la final que Antonio Álvarez meditaba recuperar el 4-3-3 con el que el Sevilla ya jugó en alguna ocasión, con quizás Romaric reforzando la medular y Kanoute solo arriba, pero la 'recalificación' de Negredo cambiaba bastante el panorama. Titular, igual que Luna, y algo que también se presumía y que quedó refrendado por la baja de última hora de Adriano.

Sin 4-3-3 pero con Negredo, al Sevilla no le da tiempo a comprobar si es la forma idónea de tumbar al Atlético de Madrid porque Capel engancha un zurdazo fantástico desde fuera del área para batir a De Gea en el minuto 5. Luego, sí, el Sevilla presiona bien la zona central del rival pero sufre bastante por los flancos, con Squillaci anulando a Agüero.

El Sevilla fue desesperando al Atlético hasta el punto de que quien más cerca estuvo de marcar en el segundo acto fue el equipo que ya mandaba. Kanoute dejó solo a Negredo, quien remató tristemente al muñeco cuando pudo dejar casi sentenciada la final. Luego volvió a aparecer Squillaci para evitar el empate y una volea de Navas insistía en la idea de que el Sevilla no renunciaba a nada.

Desde ahí, presión del Atlético, un altercado absurdísimo y que parece intrínseco a los partidos entre estos dos equipos por una entrada de Perea a Capel -Mejuto no pitó ni falta y despachó la tángana como si nada-. Mejuto no merece mayor comentario. No quiso líos, nítidamente desigual en las tarjetas, con la entrega de trofeos ya pasó a la historia. No ha sido la suya una historia de amor con el Sevilla, pero ya acabó y lo hizo de la manera más hermosa posible.

El sufrimiento llegó con el Atlético ya volcado. Navas regateó a De Gea, marcó el 0-2 y desató una fiesta de la que participó una hinchada atlética encomiable. Gloria al Sevilla, sexto título de la contemporaneidad y fin de un trayecto sinuoso que finaliza con sueños que se siguen cumpliendo. El de Jiménez no pudo ser, pero esta Copa tiene mucho de él; el de Álvarez se cumplió plenamente en una noche que puede tener muchas despedidas. Pero eso ya corresponde a la dura tarea de seguir elevando un listón que no parece tener fin.

Quinto título de Copa para el Sevilla y con todas las de la ley, con todos los quilates que se les puedan calibrar a las joyas más preciadas. Porque el Sevilla, el Sevilla Fútbol Club, dejó en la cuneta a los otros dos campeones del fútbol español, al Barcelona y al Atlético de Madrid, además de un par de equipos más que en los momentos en los que se cruzaron con los nervionenses eran algo en el panorama nacional. Pero no, el más grande, el grandioso, fue el Sevilla para poner su nombre por segunda vez en el palmarés de la Copa en este siglo XXI. ¿Alguien duda, por tanto, de la grandiosidad del siempre Sevilla Fútbol Club en los tiempos que corren?

Pero para que la literatura fuera aún mayor si cabe, los dos goles de la finalísima no procedían de fuera de las fronteras de la nación española, ni siquiera de una comunidad autónoma que no fuera Andalucía, la que estaba representada con sus colores blanquiverdes en la camiseta del campeón. Los dos goles nacieron en la carretera de Utrera por mucho que uno de ellos tuviera un escarceo con anterioridad en Barcelona. Los dos hombres que pasarán a los anales de la historia como los autores de los dos tantos en la quinta Copa serán Diego Capel y Jesús Navas, los dos extremos que corrieron por las bandas de la ciudad deportiva sevillista antes de hacerse profesionales y darle tantos momentos de gloria al actual Sevilla.

Chapó para el rojo y blanco! En noche de sombreros, mascotas y demás parientes y afectos, hay que destocarse ante el espectáculo de dos aficiones con una acusadísima personalidad. Dos hinchadas que no se jaman, pero que, intercambio de dardos al margen, se comportaron de forma soberbia. Los ganadores supieron ganar y los perdedores supieron perder. ¡Chapeau!

En el mejor escenario posible, el coliseo más grande de Europa, se vio una finalísima de letras doradas entre dos grandes de España. Dos grandes con mayúsculas. Y sus hinchadas respondieron a lo desarrollado en el terreno de juego, en esa misma arena donde realiza sus mejores exhibiciones el mejor equipo del mundo, ese mismo que no podrá coronarse como gigante continental porque en el mercantilizado fútbol de la actualidad, como si fuera el brazo alargado de la sociedad de consumo que, dicen, está en crisis, mandan los resultados, los números, los estadillos de contabilidad. El mismo en el que Eto'o jugó de lateral derecho para darle la razón al matemático Mourinho. Ayer los números quedaron al margen, sólo espectáculo, como en un homenaje al campeón de Liga y a su fútbol.



 

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